¿Alguna vez han pensado que el microscopio y el telescopio son prácticamente hermanos? Aunque uno nos deja ver planetas y el otro bacterias, ambos nacieron del mismo principio: usar lentes de cristal para jugar con la luz.
Hace unos cuatrocientos años, a algunos curiosos se les ocurrió pulir pedazos de vidrio y acomodarlos en tubos. Años despues hubo personas que apuntaron ese invento al cielo descubrieron que Júpiter tenía lunas y que el espacio era gigantesco. Al mismo tiempo, quienes apuntaron sus lentes hacia una simple gota de agua estancada se toparon con un universo microscópico que nadie imaginaba, completamente lleno de vida. Es increíble cómo un truco tan simple nos abrió los ojos de golpe hacia dos extremos: lo inmensamente grande y lo infinitamente pequeño. Al final, ambos aparatos nos dejan la misma lección: siempre hay muchísimo más allá de lo que logramos ver a simple vista.