En la Región Lagunera, la producción lechera depende de un recurso cada vez más frágil: el agua subterránea. Mientras la producción de forraje crece para sostener al ganado, aumenta el gasto sobre pozos ya sobreexplotados y del acuífero que ha llegado a niveles críticos. El reto es enorme, pues cada vaca consume entre 150 y 170 litros de agua al día y la perdida de agua en la conducción en el riego.
Frente a este escenario el uso de Agua Residual Tratada surge como estrategia en la ganadería, ya que reduce la sobreexplotación del agua, baja los costos de energía eléctrica y aporta nutrientes a cultivos.
Bajo el enfoque de “Una Sola Salud”, no solo impulsa un riego sostenible, favorece también la higiene y salud en los establos, la producción de leche de mejor calidad, y la salud de las comunidades.