La Tuberculosis bovina (TBb) es considerada una amenaza para la salud pública mundial, debido a que es una enfermedad que salta de los animales a las personas. Es causada por la bacteria Mycobacterium bovis, la cual se expulsa mediante el contacto con orina, heces o partículas de aire de animales infectados. Un dato crítico para su control es su persistencia, ya que la bacteria puede sobrevivir en el ambiente externo hasta cinco meses después de ser liberada.
Se considera una enfermedad desatendida ya que dificulta los esfuerzos para erradicar la tuberculosis humana, siendo la TBb la principal causante. El peligro esta oculto ya que la trasmisión ocurre principalmente por el contacto directo con animales enfermos o por consumir leche bronca y quesos frescos elaborados sin procesos de pasteurización, considerándose una enfermedad latente en comunidades rurales de México y países de Latinoamérica.
La persistencia de esta bacteria es debido a fallas en la detección y la falta de coordinación entre los sectores de Salud Pública y de Ganadería. Ya que las pruebas de diagnóstico utilizadas actualmente solo detectan la bacteria, pero no refiere cual bacteria es, asi como el medicamento a aplicar, esto hace más fuerte a la bacteria.
La industria lechera se apega a normas técnicas y la orientación para diagnósticos de control y vigilancia, pero la desconexión entre las instituciones y la falta de colaboración entre sectores, se enfocan en la detección tardía y el sacrificio del animal, lo que hace que los ganaderos sigan subestimando esta enfermedad y aumente la presencia.
Controlar la tuberculosis bovina sigue siendo un "dolor de cabeza" para los ganaderos. No es solo una cuestión de sanidad animal; es un problema que golpea el bolsillo del productor, frena las ventas de ganado al extranjero y, lo más importante, pone en riesgo la salud de las personas. Por ello, mitigar su avance es una prioridad tanto económica como social.
Por otro lado, la capacidad científica y la práctica institucional permanecen aislados en los laboratorios e instituciones académicas, formándose un cuello de botella entre el desarrollo de herramientas moleculares, la vigilancia rutinaria de las instituciones gubernamentales y la toma de decisiones en la industria lechera.
Para una solución real, necesitamos que el gobierno, las universidades y las empresas trabajen juntos en comités con presupuestos específicos y compartan su información en tiempo real. No podemos ignorar que mucha gente consume leche y quesos artesanales; por ello, las leyes deben reconocer estos mercados informales para que las reglas de salud y veterinaria funcionen, protegiendo así a toda la población.
La participación intersectorial y la realización de convenios de colaboración entre las instituciones públicas y privadas, designando presupuestos para el desarrollo de nuevas herramientas moleculares, harán más eficiente el diagnóstico, la prevención y un control de esta enfermedad, para bajar la incidencia a un costo más accesible para el productor ganadero.