Hay una amenaza silenciosa que puede estar circulando en las comunidades rurales sin hacer ruido: la tuberculosis bovina. Su transmisión puede ocurrir por el contacto cercano con animales infectados o por el consumo de leche bronca y quesos no pasteurizados, poniendo en riesgo no solo a los hatos ganaderos, sino también a las familias que dependen de ellos.
Esta enfermedad avanza muchas veces sin ser detectada, afecta la salud animal y humana, y golpea la productividad y la economía del campo. Por eso, conocer cómo se contagia de animal a animal y de animal a humano es clave para prevenirla.
Desde el enfoque de “Una Sola Salud”, fortalecer los programas gubernamentales, vigilar la fauna silvestre, respaldar los servicios veterinarios y aplicar herramientas moleculares de diagnóstico puede marcar la diferencia, y frenar una enfermedad poco visible, pero sí deja consecuencias.